La temporada 2024 fue un año complicado para Williams, marcado por accidentes frecuentes y desafíos técnicos que dejaron huella en su desempeño. Alex Albon reveló a Motorsport.com que un cambio en el proceso de fabricación del monoplaza FW46, pensado para ahorrar tiempo, terminó teniendo consecuencias inesperadas.
Al inicio de la temporada, varias piezas del coche, como componentes de la suspensión, estaban hechas de metal en lugar de fibra de carbono, lo que incrementó los daños sufridos en los accidentes. “Era casi como una lesión autoinfligida que teníamos”, admitió Albon, refiriéndose al impacto de esta decisión en los choques sufridos en carreras como el GP de Australia.
El peso extra no solo superó el límite reglamentario de 798 kg, afectando el rendimiento del coche en pista, sino que también amplificó las fuerzas transmitidas al chasis durante los impactos. Aunque Williams logró aligerar el coche en 14 kg durante la temporada, los daños iniciales ya habían pasado factura, incluso dejando al equipo sin chasis de repuesto en momentos críticos.
Dave Robson, ingeniero jefe de Williams, confirmó la situación: “Definitivamente, contribuyó a algunos de los problemas iniciales. Las piezas metálicas eran más rápidas de fabricar, pero deberían haber sido de carbono desde el principio”.
Este enfoque inicial, aunque comprensible dado el intento de modernizar su sistema de producción, dejó lecciones importantes para el equipo británico, que buscará no repetir estos errores en la próxima temporada. La mejora en los procesos y materiales será clave para que Williams recupere competitividad en 2025.
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